Ese momento cuando sientes que tus sentimientos son la manera más pura de halagar a un persona, momento intangible, sereno, apacible. Sientes que si tan sólo esa persona conociera un poco te pondría en una posición vulnerable donde te convertirías en frágil, expuesto.
O le que pudiera ser peor, que conozcas esa persona un poco más allá del límite de tu comodidad y veas que en realidad tus sentimientos estuvieron enmarcados a una percepción errada, manipulada. Te das cuenta de que fuiste vulnerable desde un inicio y no hay marcha atras. Es sólo la crónica de una muerte anunciada del más sublime de los halagos... La decepción.

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