22.5.13

“No se puede ser muy bueno”

Creo que es una frase que venimos escuchando desde niños, tal vez por el simple hecho de que mucha gente se quiere aprovechar de la inocencia de la niñez, empezando por los amiguitos. Pero llega un momento en la vida donde decides si ser bueno a pesar de que te golpees contra la pared una y otra vez o ser “no tan bueno”, para algunos ese momento es tan exacto, que pueden recordarlo con lujos de detalles. Yo recuerdo varios.

Si, viniendo de donde ser bueno es sinónimo de pendejo, tuve ese momento repetidas veces. No una ni dos, MUCHAS veces. Siempre eligiendo la misma opción “voy a ser buena” (con voz inocente e infantil, dulce y frágil). Todo esto bajo el argumento que “no ser tan bueno” es no ser bueno del todo, y al parecer yo quería ser madre Teresa de Calcuta. SUPER  BUENA. Con los valores allá en lo alto, y con la fe de que la humanidad en el fondo es buena y que solo necesita amor. Si... all peace and love.

Pero era ser bueno (para mí, claro)?

Dentro de mi percepción inofensiva, era simplemente “no hacer lo que no te gusta que te hagan” y/o “tratar a los demás como te gusta que te traten”.

Viví bajo es mojo por muchos años, hasta que me di cuenta que hay cosas que no me gustan que al otro si,  y viceversa. Pero eso no es lo peor… Comencé a esperar que los demás tuvieran la misma consideración conmigo. Dulce desilusión.

FACT: la mayoría de las personas les da tres pitos y una flauta. Y con todo su derecho.

Entonces sucedió. 

El momento crucial, en donde una desilusión más y mejor aplicaba al “one way ticket to mars”. 


No puedo tratar al otro de la manera que me gustaría que me trataran esperando que sea reciproco. Los demás no son responsables de mí. Entendí que yo misma debía tratarme como me gusta que me traten.  

Así que decidí ser buena, pero esta vez de manera distinta. Trazando los límites hasta donde sé que puedo llegar y que puedo permitir que lleguen los demás en mi vida y poniendo mis valores claros, puedo ser buena sin esperar nada a cambio y evitando dolores innecesarios. Decidi ser buena conmigo primero. Siendo buena conmigo puedo ser buena para el resto de una manera sana, sin que los “let downs” me afecten tanto, porque la primera que “won´t let me down” soy yo misma, y con eso me basta. 

Entendí que ser “no tan bueno” es un mecanismo de defensa que a la larga no soluciona nada y que estaría poniéndome al mismo nivel de aquellos que me desilusionaron muchas veces. Es fácil ser “no tan bueno”.


Sí, yo decido ser buena, y es bastante difícil serlo.

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